lunes, 27 de noviembre de 2017

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Pues eso. Que esta es la quingentésima entrada de este Blog, de acuerdo con las cuentas que echa el editor Blogger. No pensaba escribir nada que denotara tamaña efeméride pero, en las últimas semanas, ha habido una cierta movida en Twitter entre conocidos blogueros a los que llevo siguiendo desde hace tiempo y que se han ido planteando diversas preguntas en torno a este tipo de actividad. Así que me ha parecido procedente contar mi propia visión de algunos de los temas que han ido saliendo. Como, por ejemplo, ¿por qué sigo escribiendo este puñetero Blog?.

Vaya por delante que pienso que, en el ámbito de la actividad bloguera dedicada a la divulgación científica, hemos sobrepasado ya un cierto máximo de apogeo y vamos camino de una autorregulación natural a la baja, consecuencia de los muchos cambios que se han producido a lo largo de los últimos años en este ámbito. La divulgación científica se ha profesionalizado (dentro de límites modestos) y los blogs más afamados, aquellos que han sabido cautivar y seguirán cautivando a la gente mientras el autor tenga ganas para seguir escribiendo, son, en muchos casos, escaparates de la actividad casi profesional de sus autores, algo que tiene poco que ver con lo que otros muchos hacemos.

Yo empecé con las entradas de este blog un 28 de febrero de 2006. Estaba en un momento delicado de mi vida académica. Los años empezaban a pesar y los cambios cada vez más acelerados en la manera de hacer Ciencia me estaban haciendo mucha pupa. Por otro lado, mis largos años de docencia me habían dado mucha materia para enganchar a mis estudiantes en la repercusión de la Química en nuestra vida diaria y para desmontarles muchos de los bulos que la Quimiofobia rampante iba introduciendo en sus jóvenes e influenciables mentes. Y luego estaba el gusanillo de escribir, latente desde que dejé de mandar casi una misiva diaria a la Búha en mis tiempos de estudiante en Zaragoza y, posteriormente, en largos intercambios epistolares con un amigo del alma. La aparición del email anestesió esta pasión por escribir durante un tiempo, porque la facilidad que da el escribir y enviar un email siempre deja espacio para toques personales más o menos "literarios", por muy profesional que sea el contenido de los mismos. En otras palabras, yo siempre me he enrollado en mis emails.

Pero llegó un momento que tocaba buscarse una nueva razón para escribir con más fundamento y opté por lo que los más viejos seguidores de este Blog han conocido a lo largo de los años. Así que, esencialmente, escribo porque me gusta escribir (lo haga bien o mal), porque ello me permite (y más ahora, como jubilado) tirar del hilo de temas que me preocupan o interesan y estudiarlos, sin prisas, para hacerme con una opinión al respecto, al margen de lo que sea política o científicamente correcto. Eso me ha dado una carrocería mental, yo diría que bastante escéptica, sobre la mayor parte de los temas con los que me encuentro en el día a día. Y, lo que ahora es muy importante, me hace casi trabajar a media jornada (para la otra media tengo otras devociones).

De alguna manera, por tanto, comparto la opinión de Francis Villatoro, que dice que escribe en su Blog para aprender sobre los temas  que le interesan. Y  con ello no me opongo a la versión de mi amigo José Manuel López Nicolás, que le dio un giro semántico a la frase de Francis diciendo que él aprende divulgando. Muy sutil, pero eso no define por qué escribe divulgación sino qué le ocurre mientras lo hace. Conociendo a Jose sé que lo hace porque, desde el principio (y me conozco sus principios), su desbordante personalidad mediterránea disfruta divulgando, sea escribiendo el blog o impartiendo conferencias.

Lo que si sé es que yo nunca me he planteado esto como un oficio, entre otras cosas porque, como oficio, no tiene "salida", al menos en los parámetros en los que yo me lo planteo. Me da una pereza inmensa, por ejemplo, tratar de poner parte de mis entradas en forma de libro (como el amigo José Miguel Mulet y otros han hecho de forma tan exitosa). Ni quiero tampoco convertirme en un itinerante a lo largo y ancho de la piel de toro, compartiendo mis disquisiciones con los forofos de la Ciencia. No me importa colaborar y dar alguna charla ocasional donde me llamen pero, a ser posible, lo suficientemente cerca de mi casa como para dormir en mi cama.

También he tenido siempre claro que mis entradas no eran para especialistas en Química. Evidentemente, uno tiene sus sesgos y, más de una vez, se me ha ido la mano y he tenido que sufrir los rapapolvos de mis lectores más próximos, con comentarios del tipo "te has pasao, muy técnico...". Pero mi intención ha sido siempre la contraria. Algunos en las RRSS han bautizado ese punto de vista como "escribir para que te entienda tu abuela". En mi caso, vamos a dejarlo en escribir para que me entienda "la gente de mi edad" que para eso tengo ya una edad provecta. No me parece mal que haya Blogs más técnicos, dedicados a temas muy especializados (¡faltaría plus!), pero ese no es el nivel al que yo quiera (y pueda) divulgar. Aunque rebajar mucho el nivel de un tema no siempre es tarea fácil y, a veces, tiene el peligro de que tus pretensiones se acaben convirtiendo en una caricatura. Mi admirado Pedro M. Etxenike, cuando hemos hablado de los problemas de divulgar, me ha mencionado más de una vez una frase de Einstein “Todo debe hacerse tan sencillo como sea posible. Pero no más”. Aunque el mismo Einstein también parece que decía que "Si no lo puedes explicar de forma sencilla, es que no lo has entendido bien". Y por ahí creo que anda el reto de cada cual.

Lo que si tengo claro es que no llegaré a escribir otras quinientas entradas en lo que me queda de resuello.

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miércoles, 15 de noviembre de 2017

Eau Sauvage y Química

A mi con lo del perfume me pasa como con el vino. A ambos objetos de placer los descubrí gracias a mi familia política y, en años posteriores, mis conocimientos al respecto se agrandaron gracias a ellos. Tanto de uno como del otro guardo buenos recuerdos de mis primeras experiencias. Y, en el caso de los perfumes, aunque mi memoria empieza con el agua de colonia que usaba mi madre con nosotros y la primera fragancia que usaba la Búha en nuestro primeros tiempos juntos (Agua Brava), lo cierto es que mi recuerdo inicial más largo es el uso que ella hacía de un perfume de Dior, comercializado en 1966 bajo el nombre de Eau Savage. Lo que demuestra que mi chica ha sido siempre un poco rarita, porque Dior creó esa fragancia para el nuevo tipo de hombre que parecía emerger en los convulsos sesenta y que, de alguna manera, resume el genial cartel publicitario debido a René Gruau, que veis a la izquierda.

El desarrollo del perfume fue encargado por Dior al famoso perfumista Edmond Roudnitska, un auténtico nariz de oro, quien mezcló toques de cosas clásicas como el limón, el romero, la lavanda, la albahaca, el vetiver y otros, pero imprimió su genialidad en el nuevo perfume adicionando una cantidad importante de un componente nunca utilizado en perfumería (aunque sobre esto hay alguna duda), una sustancia de síntesis conocida por los químicos como metil dihidro jasmonato, a la que se bautizó con el nombre comercial de Hedione. Esa molécula añadía una potente sugerencia de jazmín y, sobre ella, voy a componer esta entrada porque creo que puede resultar interesante no sólo para los químicos sino también para los interesados en los perfumes.

Las flores y las plantas siempre han constituido el componente fundamental de la perfumería, aunque la llegada de las fragancias sintéticas ha ido cambiando esa percepción. Y ello ha sido así por razones económicas pero también porque la Química ha permitido identificar y reproducir los aromas atractivos de determinados productos de la Naturaleza. Y voy a poner como ejemplo, al hilo de la Eau Sauvage, el jazmín mediterráneo (Jasminum grandiflorum). Considerado uno de los aromas más populares ("ningún perfume sin jazmín" ha sido una frase típica en este ámbito), el problema es que las flores de jazmín se recolectan a mano (y tempranito por la mañana) y hace falta la friolera de una tonelada de estas flores para producir algo más de dos kilos de lo que se conoce como concreto de esa fragancia, una pasta obtenida tras poner las flores en maceración en un disolvente o mezcla de disolventes (para que las ceras y esencias de la planta se diluyan) y evaporar posteriormente el o los disolventes. Después, este concreto se disuelve en alcohol y se destila para conseguir el absoluto, un líquido que es la esencia "pura" de la planta en cuestión. En el caso del jazmín, la tonelada inicial no da finalmente casi ni para un kilo de absoluto asi que, en los años 50, la producción mundial de absoluto de jazmín no llegaba a las seis toneladas lo que, dada la demanda del producto, ponía el precio del mismo por las nubes.

Para esa misma época, el 87 por ciento de los componentes de ese aceite esencial de jazmín estaba ya identificado pero los químicos parecían no dar con la molécula responsable del carácter profundamente floral de este absoluto. Así que la firma Firmenich, una empresa suiza líder en el mercado de la perfumería, decidió financiar una Tesis en el Instituto de Biologie Physico-Chimique de Paris para que un joven Edouard Demole investigara en profundidad el concreto del jazmín, a la búsqueda de alguna evasiva molécula que constituyera el singular carácter de las notas de jazmín. En 1957 Demole consiguió su objetivo, aislando una molécula denominada metil jasmonato, que fue correctamente identificada sobre la base de las técnicas instrumentales existentes en la época. Pero en esos procesos de identificación del metil jasmonato, Demole llevó a cabo una reacción sencilla de ese compuesto con hidrógeno, obteniendo el antes mencionado metil dihidro jasmonato. Este producto huele también a jazmín aunque menos que el jasmonato sin hidrogenar, pero tiene ciertos tonos cítricos que su pariente no tiene. Y sobre todo, Firmenich comprobó por otras vías que su síntesis era mucho más fácil y barata que la del jasmonato de las flores de jazmín. Ambas moléculas fueron sintetizadas a finales de los cincuenta y patentadas en 1960, tras lo que la empresa suiza empezó a mandar muestras a perfumistas conocidos, entre ellos Roudnitska, que enseguida utilizó el Hedione o jasmonato hidrogenado en mi recordada Eau Sauvage, empleando una concentración bastante grande para lo que se emplean los componentes en perfumería (un 2,5%).

Hoy en día, la producción de Hedione se ha abaratado considerablemente y ha dejado de ser un componente exclusivo de perfumes más o menos caros como Chanel Nº 19, First de Van Cleef o Cristalle de la misma Chanel. Pero la investigación en torno a esa molécula no ha cesado y se han desarrollado otras moléculas relacionadas, como el Hedione C, una variante mucho más rica en el isómero cis (75%) que la del Hedione a secas, que solo contiene un 10% de ese isómero.

Pero esto ya son cosas para el consumo de la chusmarra de químicos a la que he pertenecido y que hoy celebramos nuestra fiesta de San Alberto. Particularmente para los que se dedican a la síntesis orgánica. Aquí les dejo un link por si alguno de ellos quiere ilustrarse más en el tema.

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