lunes, 31 de marzo de 2014

Cócteles de dioxina para un Presidente


Ahora que Ucrania está "de moda", he caído en la cuenta de que no he contado en el Blog la curiosa historia del envenenamiento por dioxinas de uno de sus recientes Presidentes, Viktor Yushchenko. Episodio que ilustra lo complicado que es, a veces, extrapolar a los humanos los comportamientos tóxicos observados en experimentos con animales y/o las conclusiones extraídas de los estudios epidemiológicos de amplias capas de la población. Y es que cada organismo es de su padre y de su madre y, a veces, el que se tiene que morir no se muere mientras otros se mueren sin querer (figura retórica que no debe aplicarse al ciudadano objeto de este post).

Aunque el término dioxina se maneja con mucha soltura y alegría en los medios y en internet, lo cierto es que dioxinas hay bastantes. Se trata de una familia de compuestos, cuyas propiedades (incluida la toxicidad) cambian mucho dependiendo de su estructura. Pero no os voy a meter en vericuetos de terminología química. Dejémoslo en que la dioxina por excelencia es una que, simplificadamente, los químicos denominamos con el acrónimo TCDD aunque, si nos ponemos estirados, podemos llamarla 2,3,7,8-tetraclorodibenzo-p-dioxina. Es la dioxina tenida por más peligrosa entre sus congéneres y tristemente conocida por los problemas que causó, al generarse como subproducto, en la fabricación del no menos tristemente célebre Agente Naranja, empleado por los americanos para deforestar amplias zonas de Vietnam durante la guerra del mismo nombre.

En un ranking global de productos químicos peligrosos la TCDD ocupa el cuarto lugar, que se convierte en primero si consideramos sustancias de origen sintético. Solo le ganan en virulencia, y por goleada, tres toxinas "naturales": la botulínica, la del tétanos y la de la difteria. Para elaborar ese ranking, se usa un parámetro clásico en toxicología (y un poco bruto, la verdad). Se trata de la denominada Dosis Letal para el 50% de la población o LD50, lo que quiere decir que es la dosis mínima que administrada a una cierta población de ratones de laboratorio, se carga al 50% de esa población en breve plazo. Pues bien, en el caso de la TCDD esa dosis se ha estimado en unos 0.03 mg/kg de peso del individuo envenenado.

Unas cuantas veces más que esa dosis parece que le metieron al candidato Yushchenko durante la campaña electoral que le llevó a la Presidencia de Ucrania en el año 2004. Cuentan las crónicas que el envenenamiento se produjo durante entrevistas con altos funcionarios del Servicio Secreto que estaban más o menos controlados por los rusos. No sabemos exactamente la cantidad que le suministraron, pero estimaciones posteriores de los médicos que le trataron evaluaron que, al iniciar el tratamiento, la concentración de TCDD en el cuerpo de Yushchenko era unas 50.000 veces más alta que la concentración habitual en el body de un ciudadano medio. Ello hace pensar (haciendo los debidos cálculos) que se le pudieron administrar dosis en torno a 20 veces la Dosis Letal antes mencionada. Pero un candidato a Presidente ucraniano debe ser hueso duro de roer, porque este no se murió. Durante la campaña electoral empezaron, eso si, a hacerse evidentes los síntomas de la intoxicación en un lugar difícil de ocultar, el rostro, como se puede ver en la foto de arriba que compara el Yushchenko antes y despues de los cócteles de TCDD.

Y un aspecto curioso del proceso de desintoxicación, llevado a cabo por médicos austríacos, es que se utilizó como agente desintoxicador el Olestra, un sustituto de las grasas habituales o triglicéridos, en el que en lugar de la glicerina habitual en esos triglicéridos a los que da su nombre, esta se sustituye por sacarosa (el azúcar convencional). Como consecuencia de ese cambio estructural, se considera que Olestra no aporta calorías ni colesterol. Se trata de una sustancia envuelta en una típica polémica quimiofóbica (en la que hoy no entraré) desde su introducción en el mercado en 1996, cuando la FDA americana aprobó su empleo en la preparación de diversos productos alimenticios como patatas chip y otros snacks. Hoy está prohibida en Europa pero en USA se sigue empleando, aunque está en franca retirada, lo que ha supuesto un sonoro fracaso para su productor Procter and Gamble. El caso es que, ya a finales del siglo pasado, se descubrió que las dioxinas se unían de forma mucho más eficaz al Olestra que a las grasas convencionales, con lo que se puede utilizar un tratamiento a base de Olestra para evacuar dioxinas de un cuerpo envenenado. Años más tarde se vió que lo mismo pasaba con otras sustancias igualmente peligrosas, los PCBs.

Aunque no sabemos los efectos pasados y futuros de la intoxicación, el ya ex-Presidente sigue vivo, aunque políticamente desaparecido tras el fracaso de su partido en las elecciones de octubre de 2012.

PD. No os perdáis el excelente comentario del amigo Pedro Merino.

Leer mas...

domingo, 23 de marzo de 2014

Polímeros Ninja

Haritz S. es un buen tipo. Aunque, como un servidor, sea de Hernani, de famosa atmósfera borroka (ganada a pulso) en años pretéritos. Ahora, y por razones que todos adivináis, la cosa ha decaído y mi pueblo se ha reconvertido en paraíso (también sin ley) de meones sidreros de fin de semana. Haritz perdió algo de su pátina hernaniarra cuando se fue de Erasmus a Inglaterra. Luego volvió a Donosti y revolucionó la vida de dos de mis colegas del alma que osaron dirigirle la Tesis. Ha pasado dos años de postdoc en California, nada menos que en el IBM Almaden Research Center y, desde enero, lo tenemos dando guerra en el BERC (Basque Research Excellence Center) que, bajo el nombre POLYMAT, centraliza una importante parte de las investigaciones que sobre polímeros se llevan a cabo en el Campus de Gipuzkoa.

Hace unas semanas, Haritz nos impartió una conferencia dentro del ciclo que cada año organizamos en POLYMAT para que estudiantes de Doctorado, postdocs e investigadores ya formados en fase de eclosión (como Haritz) nos cuenten lo que hacen. La audiencia habitual es un numeroso y variopinto colectivo compuesto por colegas juniors y algunos carrozas en fase de extinción, como el Búho. Es a los primeros a los que van dirigidas estas charlas para que se fogueen y adquieran la mala leche que hace falta en una discusión científica y, de paso, le den al inglés.

Muchas cosas apunté en mi libreta para el Blog de lo que Haritz nos contó ese viernes, que versó sobre el trabajo que había realizado en las américas. Pero la primera anotación tuvo que ver con una referencia, introducida muy de pasada, a una de las últimas actividades llevadas a cabo por el Grupo que le acogió en California. Aunque al principio pueda parecer que tiene poco que ver con las cosas de las que diserta el Búho en este cuaderno, pronto comprobaréis, una vez más, que la mano de los polímeros es alargada.

En uno de los muchos problemas de investigación relacionados con la Nanociencia que llevan a cabo en el IBM Almaden Research Center, está el de conseguir nanoestructuras biodegradables capaces de actuar de forma enérgica contra la denominada infección MRSA (Methicillin Resistant Staphylococcus Aureus), provocada por ciertos tipos de microorganismos particularmente resistentes a los antibióticos convencionales. El mecanismo de acción de los antibióticos convencionales es que penetran a través de la membrana celular para atacar un objetivo concreto en su interior pero, en esa penetración, dejan casi indemne esa membrana, lo que permite a la bacteria desarrollar resistencia a esos fármacos.

Por el contrario, otros fármacos basados en péptidos macromoleculares, interaccionan con la membrana a través de grupos iónicos adecuados y la acaban dañando en su conjunto al formar poros en ella. Muchos de los intentos llevados a cabo para desarrollar péptidos de este tipo, se encuentran con el problema de su intrínseca toxicidad y de su menguada resistencia a existir en las estructuras adecuadas cuando se colocan en el interior de un organismo humano. Como alternativa, se están proponiendo una serie de polímeros catiónicos, que imitan la estructura y el comportamiento de esos péptidos. Es en este ámbito en el que el grupo en el que ha estado trabajando Haritz ha presentado recientemente prometedores resultados. Y a este viejo químico polimérico, la cosa le ha resultado atractiva por un doble motivo.

Utilizando como materia prima botellas de plástico a base de polietilen tereftalato, PET, el plástico de las botellas de Coca-Cola y otras cosas, el Grupo comienza por descuajeringar químicamente las largas cadenas macromoleculares del mismo, descomponiéndolo en sus unidades repetitivas.Para ello, el Grupo emplea una nueva aproximación al llamado reciclado químico del PET. El Grupo del jefe californiano de Haritz, Jim Hedrick, ha conseguido nuevos catalizadores orgánicos que consiguen despolimerizar el plástico de una forma sorprendentemente eficaz y sin recurrir a catalizadores que planteen problemas ambientales.

A partir de los productos de esa despolimerización, Hedrik y su Grupo han sintetizado nuevas moléculas, resistentes en el interior del organismo y no tóxicas, que se autorganizan en estructuras más complicadas y que se cargan, de forma sorprendente, a los microorganismos resistentes a los fármacos convencionales, a los que esas nuevas moléculas derrotan según técnicas de acoso y derribo que emulan a las de los luchadores japoneses conocidos como Ninjas. No voy a entrar en detalles de este aspecto porque soy lego en la materia, pero me da que el tema, viniendo de quien viene, va a tener recorrido. El artículo en el que se recogen esos resultados se publicó el pasado verano en Nature Communications. Y aunque llamativo por el hecho de partir de botellas de Coca-Cola y similares, no es el primer intento del Grupo en esa estrategia. Dos años antes, en un artículo publicado en Nature Chemistry ya describían la ruptura selectiva de membranas celulares mediante otro polímero, en este caso un policarbonato de complicada estructura, biodegradable, biocompatible, baja toxicidad y capacidad de ser diseñados a medida para determinadas propiedades necesarias en el ámbito de su aplicación médica. Dicen en una noticia en la web de IBM que andan a la caza de Laboratorios interesados en el tema. A ver en qué queda.

Leer mas...

Datos personales

Boredom is the highest mental state, según Einstein. Pero, a veces, aburrirse cansa. Y por eso ando en esto, persiguiendo quimiofóbicos.