domingo, 28 de abril de 2013

La Química de un bar de copas

Parece bien establecido que los Congresos tienen gran importancia para el desarrollo de las diferentes ramas de la Ciencia. Pero a nadie que esté metido en este rollo se le escapa que, para una gran mayoría de científicos, los congresos tienen también una componente lúdica importante. Y, en algunos casos, hasta la propia temática del Congreso o de alguna de sus secciones se presta un poco al cachondeo. Un ejemplo reciente es el que se ha dado en la reunión nacional de primavera de la American Chemical Society (ACS), celebrada este abril en Nueva Orleans, ciudad que, ya por si sola, potenciaba actividades como la que voy a describir.

Dentro del Symposium de la División de Química de la Agricultura y los Alimentos, una de las secciones llevaba el título Chemistry of the Bar, en la que los científicos en ella inscritos estuvieron debatiendo cuestiones relacionadas con las sustancias químicas responsables del sabor y el aroma de diferentes cocktails (eso es un congreso y lo demás son bobadas...). Como era de esperar, algunos de los blogs oficiales de la propia ACS no se han podido resistir a escribir sobre cuestión científica tan atractiva y, entre lo que yo he leído, el caso del Amaretto di Saronno y su composición química me ha llamado la atención. El asunto tiene que ver con una vieja entrada de este Blog, en el que hablábamos de las almendras amargas, el cianuro y unas deliciosas magdalenas suecas, llamadas mazarines, que conocí de la mano de mis amigos Elena y Lars (podéis ver el comentario de Elena en la parte final de dicha entrada).

En uno de los trabajos presentados en ese minisimposio, Jerry Zweigenbaum, un investigador de la conocida marca de instrumentación analítica Agilent Technologies, presentó junto con colegas de la Universidad de California (Davis) los resultados de la aplicación de las más recientes técnicas analíticas a la composición química de uno de los clásicos pelotazos en Italia, el amaretto, del que la tradición dice que se empezó a fabricar en Saronno en el siglo XVI a partir de la parte blanda de los "huesos" de melocotón y alcohol. Hoy parece que la cosa se hace industrialmente de forma distinta, mezclando alcohol, un aceite esencial del hueso de melocotón, algunas "hierbas y frutos" y, en mayor o menor extensión, azúcar.

Los investigadores han analizado siete marcas comerciales de amaretto. En todos ellas el componente fundamental es el benzaldehído, una sustancia química bien conocida, que se aisló a principios del siglo XIX a partir de limones amargos y que se sintetizó en 1832 por dos químicos alemanes viejos conocidos de este Blog: Friedrich Wöhler y Justus von Liebig. El origen de ese benzaldehído, que da el clásico sabor dulce/amargo al amaretto, está también bien establecido: la amigdalina, una molécula que contiene una unidad de benzaldehído, dos de glucosa y una de cianuro. Cuando esa molécula se rompe, proporciona el benzaldehído y (como decíamos en el post antes mencionado), ácido cianhídrico, el mismo de las cámaras de gas en las que se ejecutan en USA a personas más o menos convictas.

Un segundo resultado interesante en la presentación del Simposium de Nueva Orleans es que los investigadores han sido capaces de detectar en el amaretto hasta mil ochocientas (1800!!!) sustancias químicas diferentes. Probablemente porque los actuales fabricantes incluyen entre las "hierbas y frutos" algunas especias, complejos ingredientes donde los haya y que pueden ser los causantes de semejante abanico de sustancias químicas.

Finalmente, los autores vienen a sugerir que no sería difícil fabricar un amaretto siguiendo la misma teoría que algunos ya acuñamos en su día para fabricar aguas de diseño: se cogen las cantidades adecuadas de alcohol, agua, especias, azúcar y benzaldehído y ya está el amaretto "sintético". Un verdadero cóctel químico que asustaría a cualquier californiano de bien. El benzaldehído no es una sustancia peligrosa. Alguna reacción alérgica en la piel en estado puro y daños en el hígado de los ratones a los que se forra con él. Pero ni cancerígeno ni mutágeno en términos del test de Ames.

Claro que eso no lo sabían los de Saronno en el siglo XVI. Así que si probaron con el extracto alcohólico de hueso de melocotón, bebieron y les gustó pero no se murieron, fue por pura suerte en sus ensayos de prueba y error. Que lo mismo podían haber cascado. Porque no me vale que por ser "natural" la inocuidad venía intrínseca en su código genético. Nos ha jodido mayo con las flores...

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lunes, 22 de abril de 2013

De papel y papeleros...

Puede que este post hunda sus raíces en el hecho de que mi casa paterna esté en Hernani, un "indómito" municipio en el que las papeleras han jugado un papel importante en su desarrollo a lo largo del siglo XX, papel que puede hacerse extensivo a otros municipios guipuzcoanos. Cualquier habitante en esos pueblos tiene alguien cerca que, directa o indirectamente, ha vivido (o vive) de las papeleras. Y yo no me escapo a esa regla. Pero puede que el post se deba más a mi natural escepticismo ante casi todo lo que parece socialmente aceptado. Sea por uno u otro motivo, el caso es que el logo que ilustra esta entrada no ha estado nunca entre mis favoritos. Y eso que no es de la versiones más drásticas. Otras incluyen hasta el número de resmas de papel que se fabrican a partir del corte de un árbol.

Puestos a poner algo similar al final de un email yo abogaría por una versión sustancialmente distinta: Puede Ud. imprimir este email si lo considera necesario. El papel es un producto biodegradable, reciclable y sostenible, fabricado a partir de la celulosa de los árboles. Los bosques bien gestionados proporcionan millones de puestos de trabajo y son buenos para el medio ambiente al proporcionar aire limpio y agua, constituyen el mejor habitat para la vida salvaje y son un perfecto sumidero de carbono. Gracias por contribuir a esa buena gestión que hace que hoy tengamos en Europa muchos más bosques y árboles que hace sesenta años". Tiene que quedar claro que dicho párrafo no implica el justificar un desperdicio desordenado del papel ni de ningún otro material, pero también es evidente que la opción drástica de no imprimir no tiene que nada que ver con salvar el planeta o los bosques, sino, en lo que a los bosques se refiere, más bien lo contrario. El que no me crea, puede leer este sencillo folleto de la European Environment Agency, en el que queda claro que la superficie cubierta por bosques en explotación ha venido creciendo regularmente en Europa a lo largo de los últimos sesenta años, así como también el número de árboles. Y, añado yo, ya sabemos lo que en algunas zonas de España ha supuesto el abandono de dichas prácticas y la falta de mantenimiento de algunos bosques.

Ya sé que alguno de mis habituales lectores se estará preguntando qué mosca me habrá picado en esta mañana luminosa de abril para meterme yo solito en lo que, probablemente, es un avispero. Pero lo cierto es que lo que antecede no es de mi cosecha. Es casi la traducción literal, con algunas adaptaciones a mi entorno próximo, de varios párrafos de un artículo de opinión publicado por The Wall Street Journal hace casi dos años, titulado "Save a Forest: Print Your Emails" y firmado por Chuck Leavell y Carlton Owen. El artículo termina con una frase rotunda: Nosotros apreciamos y aplaudimos a la gente sensible a los problemas medioambientales. Los dos amamos los bosques y somos entusiastas defensores del medio ambiente. Pero vamos a seguir imprimiendo emails cuando sea necesario sin sentirnos culpables.

Claro que quizás haya algún interés oculto. Según lo que reza el pie del artículo del WSJ, el Sr. Leavell es músico, ecologista y dedicado al negocio de la madera. El Sr. Owen es un ingeniero forestal, biólogo de la vida salvaje y Director Ejecutivo de la Fundación Americana para la Silvicultura y las Comunidades. Pero en su descargo diré que también "salir en la foto" es un interés oculto de algunos de los que imponen el uso de logos como el mencionado arriba o se apuntan a ello.

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lunes, 15 de abril de 2013

Otra sobre botellas de plástico

Ya me hubiera gustado darme una vuelta por Las Vegas, la pasada segunda semana de marzo, para asistir al Symposium sobre Bioplastics: The Reinvention of Plastics, donde se dieron cita gentes de la Universidad y de grandes empresas preocupadas por los envases en materiales plásticos. Pero entre que ando un poco vago para los viajes y, sobre todo, porque esas semanas estaba forradito a clases, la cosa se quedó para otra ocasión. Que quizás no esté muy lejana porque hay en Bruselas, a finales de mayo, otro evento titulado From Biobased Polymers to Bioplastics que también promete cosas interesantes, tanto científica como industrialmente. Pero, mientras tanto, tengo un par de colegas americanos que si estuvieron en Las Vegas, con los que he intercambiado información sobre el evento y que ahora comparto.

Lo que más me ha llamado la atención, es su feeling de que los grandes grupos que necesitan envasar sus productos están dejando de hablar de plásticos biodegradables y fijando su atención en los denominados bioplásticos. Para los que quieran repasar estos conceptos, hay una entrada en este Blog, de setiembre de 2011, que pueden visitar pero, para ahorrarles el trabajo y contado en ocho líneas, un polímero biodegradable es el que acaba desapareciendo en el medio ambiente en un espacio temporal corto y por acción de microorganismos, mientras que un bioplástico es el que se ha obtenido, total o parcialmente, de biomasa renovable. Y aunque ambos juegan con el marketiniano concepto bio las cosas no son asimilables. Y así, el bio-polietileno, un bioplástico, es exactamente igual en su comportamiento al polietileno que proviene del petróleo y, por tanto, no biodegradable. Mientras otros polímeros, como la policaprolactona, que se obtiene del petróleo, son claramente biodegradables.

Esa pérdida de interés por los biodegradables nace de dos razones fundamentales: su reciclado es complicado en la mayoría de las instalaciones actuales y, dos, con los bioplásticos se puede hacer lo mismo que con sus homónimos derivados del petróleo pero con el valor añadido de su sostenibilidad en términos del anhídrido carbónico. Por el contrario, empezar a trabajar con los biodegradables es toda una aventura, tanto en términos de propiedades como de suministro regular (algo capital para los vendedores de envases a gran escala).

En ese Symposium se han presentado bioplásticos muy interesantes, como una poliamida (nylon) 610 en la que el ácido sebácico necesario para su síntesis se ha obtenido a partir del odioso (para los niños de los sesenta) aceite de ricino (castor oil). Polimerizado con hexametilen diamina, derivada del petróleo, hace que la poliamida final contenga un 60% de su estructura obtenida de fuentes renovables. Aunque el nylon en cuestion no es biodegradable, al menos en términos estrictos.

La otra gran conclusión de la reunión en la ciudad de las apuestas es que Coca-Cola parece ir ganando a Pepsi la batalla de las botellas obtenidas 100% a partir de materias primas renovables como la biomasa. El que repase este Blog poniendo la palabra Coca Cola en el buscador de arriba podrá ver que, a lo largo de estos años, he ido dejando constancia de la encarnizada carrera entre los dos gigantes de la Cola a la hora de vender su botella como 100% sostenible.

En su día, Coca Cola estableció alianzas con tres empresas de I+D (Virent, Gevo y Avantium). Pues, al menos la última, tiene ya patentado y en fase de planta piloto un proceso en el que, partiendo de diversas fuentes de carbohidratos (p.e. fructosa), puede llegar a la obtención del llamada ácido furandicarboxílico (FDCA), al que se puede hacer reaccionar con etilenglicol, hoy también disponible de fuente biomasa, para producir así el polietilen furanoato (PEF), un poliéster de similares (e incluso mejores) propiedades que el clásico PET, omnipresente hoy en día en todas las botellas de aguas y bebidas carbónicas.

El nuevo material tiene mejores propiedades barrera al oxígeno, al anhídrido carbónico y al vapor de agua, algo que resuelve algunos problemas clásicos del PET, como es el asunto de no poder emplearlo en el envasado de cerveza, so pena de cargarse las propiedades de la misma por la acción del oxígeno que atraviesa las paredes de la botella. Tiene algunas propiedades mecánicas mejores que las del PET e, incluso, se puede mezclar con éste, favoreciendo su reciclado conjunto mientras ambos compartan el mercado.

Avantium tiene ya una planta de 40 toneladas/año en Geleen (Holanda), el pueblo de mi amigo Ludo Kleintjens, y pretende tener operativa una planta de 300-400 toneladas/año en 2017/2018. Así que, si todo va bien, no digais que el Búho no avisó con tiempo.

Pero, que quede claro, el PEF no es biodegradable. Así que los conspiranoicos que trabajan por la eliminación total de los plásticos van a tener otra diana a la que disparar. Y ya me repateadar datos al enemigo.

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martes, 2 de abril de 2013

Rectificando, que es de sabios....

Desde que conozco a mi amigo José Manuel López Nicolás y le leo en sus certeras entradas en el Blog Scientia, me ha venido runruneando la idea de que uno de los dos estaba equivocado. Yo siempre he hablado de Quimifobia y él de Quimiofobia. Pero las cosas van al ritmo que la vía diaria permite y solo hoy, martes de Pascua, despues de leer su entrada sobre los alimentos infantiles "sin porquerías" y la rectificación de la conservera HERO de su eslogan, he decidido solventar el problema. Así que, a través de Twitter, he enviado un tuit a la Fundéu BBVA, la Fundación del Español Urgente, una institución sin ánimo de lucro que tiene como principal objetivo impulsar el buen uso del español en los medios de comunicación (anda y que no tienen trabajo...). Y, en menos de veinte minutos, me han contestado como veis debajo:
Así que las cosas han quedado claras y he corregido en un santiamén la propia cabecera del Blog, como se puede ya apreciar, así como la frase con la que me presento en mi perfil de Twitter. Pero es obvio que no voy a poder corregir las decenas o cientos de veces que he empleado las palabras quimifobia y quimifóbico a lo largo y ancho del Blog o de mis charlas. 
Quede por tanto esta entrada como constancia de mi error, con gracias a la FUNDÉU por su diligencia en preservar el buen uso del castellano.

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