viernes, 9 de diciembre de 2016

Las larvas que comen poliestireno expandido

Desde que hace ya años leí un interesante libro del que es autor, vengo siguiendo en Twitter a una persona que, bajo el seudónimo de @paleofreak, es un prolífico generador de esos mensajes en 140 caracteres que llamamos tuits. Con muchos de ellos me identifico y, en todo caso, comparta o no sus contenidos, me hace reír. Y, gracias a seguirle, hace pocos días, uno de sus tuits fue la fuente de información para la entrada de hoy. Una información que, como "experto" en polímeros, preocupado además por el impacto ambiental de los plásticos, no se me tendría que haber escapado. Pero uno no puede estar a todo. Así que sólo gracias a @paleofreak he podido localizar la mencionada información y leérmela.

En el tuit en cuestión, @paleofreak escribía:

- Los gusanos de la harina (larvas de Tenebrio molitor) se comen el poliestireno sin problema alguno.

haciendo referencia a un artículo publicado el año pasado [Environ. Sci. Technol. 2015, 49,12080-12086]. Eso provocó un intercambio de tuits entre él y uno de sus seguidores:

- ¿Y qué cagan?.
- Caca.
- Quiero decir que si el subproducto es igual de contaminante que el poliestireno, no le veo mucha utilidad.
- No lo parece. Hay una biodegradación bastante efectiva según entiendo, aunque no controlo el tema.


A partir de ahí, ya tenía el Búho el tema servido.

Los gusanos de la harina son la fase larva de un tipo de escarabajo que, obviamente, vive de las harinas. De acuerdo con la Wikipedia (donde podéis ver la pinta que tienen), las larvas son bastante grandes (25 milímetros) y se utilizan normalmente como cebo de pesca o en la alimentación de mascotas como reptiles y aves. Se suelen comercializar en recipientes llenos de salvado y, en algunos sitios exóticos, se venden brochetas de estas larvas asadas para consumo humano. Su bien experimentada crianza en cautividad, las hace idóneas para el tipo de experimento descrito en el artículo en cuestión.

El poliestireno expandido (EPS en jerga técnica) es esa especie de corcho blanco, constituido por agregación de bolitas del material, que se usa para envasar, por ejemplo, aparatos electrónicos como impresoras y ordenadores y así protegerlos de los golpes en el transporte. También se emplea en las bandejas de supermercado que contienen carne o frutas envasadas y es el mismo material que constituye esa especie de gusanitos blancos, que podéis ver en la foto que ilustra esta entrada, con los que se protegen objetos con formas más complicadas.

Gracias a un proceso de expansión que se lleva a cabo con ayuda de gases, el poliestireno original se transforma en el poliestireno expandido (EPS), que pesa entre 20 y 100 veces menos que lo que pesa el mismo volumen del poliestireno original, porque una parte importante de él es solo aire. Esa baja densidad del EPS hace que vuele con gran facilidad por acción del viento. Si tenemos además en cuenta que pequeñas fricciones hacen que su estructura se desintegre en las minúsculas bolitas blancas que lo constituyen, es entendible la facilidad con la que puede aparecer por todas partes, aunque también hay que mencionar que esa baja densidad hace que sea muy difícil que pueda hundirse en el agua de los ríos o en el agua de mar. En cualquier caso el EPS es un material con no muy buena fama a nivel ambiental y en los Garbigunes (estaciones de recogida selectiva de basura de mi pueblo), el EPS se recoge en contenedores específicos para su posterior reciclado.

Pues bien, el artículo que llegó a mis manos, gracias al tuit de @paleofreak, explica que las larvas del escarabajo de la harina son capaces, literalmente, de comerse el poliestireno. Los autores son un grupo de investigadores chinos (uno de ellos radicado en la Universidad de Stanford, en los USA) a los que yo ya había leído en un trabajo similar sobre el polietileno (el plástico de las bolsas de basura) y la posibilidad de que otros conocidos bichitos, los gusanos de seda, pudieran comérselo. Pero sus resultados eran sustancialmente menos interesantes que los de las larvas de la harina que ahora consideramos.

En el trabajo en cuestión, un grupo de larvas de harina es "alimentado" exclusivamente con poliestireno expandido y, pese a ello, los bichos son capaces de vivir el mismo tiempo (antes de dar lugar a las pupas y al escarabajo final) que otro grupo de hermanas alimentadas con el salvado habitual. El análisis del artículo revela que, en un período tan corto como 16 días, las larvas ingieren EPS y son capaces de convertir casi la mitad de él en CO2 que es expelido a la atmósfera. Una cantidad muy pequeña (menos del 1%) es incorporada al cuerpo de las larvas pero, sorprendentemente, es suficiente como para que no adelgacen tanto como un tercer grupo de control al que se ha mantenido en una estricta y obligatoria "huelga" de hambre. Ello quiere decir que del metabolismo del EPS, que da lugar al CO2, las larvas del primer grupo son capaces de sacar la energía suficiente para mantener su peso sin comer nada más.

La otra mitad del EPS que las larvas mastican e ingieren pasa a convertirse en las "cacas" que preocupaban al interlocutor de @paleofreak. Los chinos han analizado también esas heces y han comprobado que aunque, básicamente, están constituidas por poliestireno, el paso por el tracto intestinal de nuestras amigas ha hecho que las largas cadenas de átomos que constituyen el poliestireno original sean algo más cortas (no mucho) en las heces, lo que quiere decir que esas cadenas se han roto por la acción intestinal.

Los autores terminan el artículo dirigiendo al lector a un segundo artículo en la misma revista [Environ. Sci. Technol., 2015, 49, 12087–12093] en el que dan cuenta del importante papel que en la degradación del EPS juega la microflora intestinal de las larvas, proponiendo la interesante idea de tratar al intestino de esas larvas como un bioreactor en el que diversas condiciones físicas y bioquímicas puedan tener un papel crítico en los resultados obtenidos en el primero de los dos artículos. Ello, según los autores, puede ser importante a la hora de que la larva de la harina pueda cambiar su "menú" y acabar comiendo otros plásticos omnipresentes en nuestro mundo como el polietileno, el polipropileno o el PVC.

Como dice un colega en estas actividades divulgativas, ¡permanezcan atentos a sus pantallas!.

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martes, 29 de noviembre de 2016

La tortuosa vía de la Quimiofobia

Hasta hace unos pocos días, yo pensaba que el Flan Chino Mandarín era una cosa del pasado, solo en la memoria de sesentones que, como yo, recuerdan los flanes de nuestras madres, hechos con unos sobres cuyo contenido se ponía a hervir con leche y que los niños de la época nos comíamos con deleite en un santiamén. Pero una historia que he leído en la revista alemana Chemie in Unserer Zeit (La Química en Nuestro Tiempo) me ha hecho rebuscar un poco y encontrarme con la sorpresa de que el Mandarín sigue vivito y coleando, aunque ahora bajo el pastoreo de la marca alemana Dr. Oetker, que comercializa muchas cosas en España. Una alucinante historia que, por cierto, tiene que ver con el asunto de la vainilla natural o artificial que vimos hace poco.

El Prof. Klaus Roth, de la Universidad Libre de Berlín, es un químico al que sigo la pista desde hace tiempo. Conocido por un par de libros sobre el uso de la Resonancia Magnética Nuclear en Medicina, es también (y por eso me interesa) un divulgador cuyos temas preferidos tienen que ver con la gastronomía. De hecho, ha publicado recientemente un libro sobre Delicatessen. No le sigo tanto como quisiera porque publica en alemán y mi alemán se debió esconder en las aulas de la Facultad de Ciencias de Zaragoza, tras pasar un examen en el que había que traducir (con ayuda de diccionario) un texto de la lengua de Goethe. Pero los resúmenes de sus artículos en la revista arriba mencionada suelen estar en inglés y cuando, como es el caso de hoy, veo algo que me interesa, me busco la vida para poder tener una versión al castellano del artículo. Esta vez, mi colega y amigo Thomas Schäfer ha sido el traductor, entre cerveza y cerveza en un bar de mi barrio.

La última contribución del Prof. Roth [Chem. Unserer Zeit 2016, 50, 226-232] lleva por título "¿Es el pudding con sabor a vainilla mutagénico?", título que podría trasladarse al mercado español, sin más que cambiar pudding por flan Chino Mandarin. Y el Dr. Roth se plantea esa inquietante pregunta después de leer en un libro de texto, publicado en 2015 bajo el título de Bioquímica Técnica, que  "la vainillina sintética, de acuerdo con el BUA (acrónimo alemán del Comité Consultivo de Sustancias de Relevancia Ambiental) es cancerígena, mutagénica, puede causar daños en el ADN y en los cromosomas". La cosa mosqueó a nuestro profe berlinés porque estaba al corriente de diversos dictámenes de la FDA americana, la EFSA europea u otros organismos como la FAO o la OMS, que no han planteado, a lo largo de los últimos 50 años, problema alguno ligado a la vainillina sintética y que, incluso, han llegado a establecer límites seguros para la ingestión de esa sustancia. Y así, la Dieta Admisible Diaria está establecida en 10 mg/kg de peso y día, lo cual quiere decir que una persona de 70 kg de peso podría ingerir, todos los días de su vida, 700 mg de vainillina, casi un gramo, sin que pasara nada. Lo cual no es el caso para la mayoría de los mortales. ¿De dónde había salido entonces la cita en el libro de Bioquímica?.

La búsqueda le ha llevado su tiempo al Prof. Roth (andará jubilado, como yo), pero ha resuelto el misterio. La referencia que el libro de Bioquímica hace al BUA es correcta y data de mediados de los ochenta, cuando ese Comité Consultivo analizó los datos existentes en la literatura de unas 100.000 sustancias químicas presentes en el mercado. Y de esas 100.000, la BUA restringió un estudio posterior a 512, en principio más problemáticas, entre las que se encontraba nuestra vainillina (quizás por ser una sustancia muy vendida). No se encontraron estudios que indicaran la peligrosidad de esa sustancia, excepto que algunas pruebas realizadas con animales parecían apuntar a efectos cancerígenos o mutagénicos o dañinos para el ADN o para los cromosomas (y es importante que retengáis lo del repetido "o"). Pero esos indicios encontrados en la bibliografía no se han confirmado nunca con posterioridad.

Sin embargo, la literalidad de las conclusiones contenidas en el informe del BUA fue recogida en esos años en una web de un Centro dirigido por un tal Dr. Meiners, un químico y ecologista que recibió en herencia una maravillosa finca cerca de Bremen y la transformó en un Centro dedicado a cuestiones medioambientales. Y, desde entonces, allí sigue la referencia en los mismos términos en los que se publicaron hace treinta años.

Esa referencia fue tomada en el año 2010 por otra peculiar organización alemana, una especie de Centro de terapias alternativas, el Zentrum der Gesundheil (ZDG) que, sin embargo, alteró el texto de la web del centro del Dr. Mainers y cambió los sucesivas "o" de dicha web por una lista de los mismos conceptos con lo que, en ese nuevo sitio, la vainillina pasó a quedar definida, al mismo tiempo, como cancerígena, mutagénica, dañina para el ADN y para los cromosomas. Y ha sido este múltiple carácter dañino el que se ha recogido en el libro de Bioquímica de 2015.

Pero aún hay más. En la web del Dr. Meiners parece también una frase en la que, sin citar referencia alguna, se establece que estudios realizados en los ochenta en EEUU parecían haber apuntado la posibilidad de que la vainillina tuviera ciertos efectos sobre algunos niños, lo que se traducía en pérdidas de atención y nerviosismo. En la web del ZDG, y ya en 2010, esa posibilidad se convirtió en certeza, estableciendo categóricamente que el consumo de vainillina producía pérdidas de atención e incremento de nerviosismo en los niños. Y ya, puestos a modificar, el libro de Bioquímica de 2105 establece que la vainillina es una neurotoxina (para qué vamos a andar con rodeos).

No me digáis que la cosa no tiene guasa.

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domingo, 20 de noviembre de 2016

Agitación cuántica

El guionista, humorista y director de televisión José Antonio Pérez Ledó (Jose para los amigos y @mimesacojea en Twitter) nos hizo reír de lo lindo con una charla Naukas en el reciente Passion for Knowledge, organizado este setiembre en esta ciudad por las huestes amigas de Pedro Etxenike. La charla se titulaba Últimos Avances en Cuántica y nadie debiera perderse el vídeo de esa charla, enlace aquí, si no lo habéis visto todavía. Son menos de diez minutos hilarantes y más si pensamos que Jose tenía sentados en las primeras filas del Teatro Victoria Eugenia a cualificados investigadores, alguno con el Nobel de Física o Química en las alforjas, muchos de los cuales tiene que ver con la Cuántica.

Siguiendo con el hilo cuántico, este miércoles y en el Diario Vasco, mi gaceta local, en sus páginas de Al Día y, dentro de ellas, en el apartado Salud, se publicaba una entrevista con un conocido médico homeópata de mi ciudad, cuya consulta queda al otro lado de mi calle. La entrevista era la "fase de calentamiento" para una charla que, ese mismo día, se iba a dar en San Sebastián y que tenía como motivo el responder a los "ataques injustificados y agresivos que se habían dado contra los homeópatas" con ocasión del Congreso celebrado  en mayo en el Palacio Miramar de esta ciudad.

Ante una pregunta de la periodista sobre cómo podía explicar que los preparados homeopáticos funcionen después de las ultradiluciones a las que se someten durante su elaboración, el entrevistado recurre al nuevo mantra de la homeopatía: "existen evidencias de que las diluciones homeopáticas transmiten la información, a pesar de que no hay moléculas[.....]. Lo que se está obviando es el proceso por el cual se hace la dilución". La entrevistadora, bien mandada, le pregunta simplemente en qué consiste ese proceso. Y aquí el ciudadano se mete en un jardín sin flores: "Se hace en frascos separados y, en cada dilución, se provoca una agitación a través de unas máquinas. Lo que se ha demostrado ahora, gracias a la física cuántica, es que se forman nanoburbujas y, entre ellas, crean capas, estructuras nuevas, denominadas dominios de coherencia, que es donde se acumula esa información. Cuanto más diluyes más estructuras hay, más nanoburbujas y más capacidad de almacenar información". (Los subrayados son míos).

No voy a entrar a explicaros lo de las nanoburbujas y los dominios de coherencia porque, sobre todo en lo segundo, vamos a entrar en terrenos movedizos y, a la mayoría, le daría por abandonar la lectura antes de enterarse. Pero si voy a hablar de algo más prosaico, de las famosas máquinas y de la agitación, capaces de crear esas complejas estructuras cuánticas. El método establecido, hace casi dos siglos, por el padre de la homeopatía Samuel Hahnemann establece que, tras cada dilución en la preparación del "medicamento" homeopático, la nueva disolución debe ser vigorosamente agitada un número determinado de veces. Ello provoca la llamada potenciación de esa disolución, la madre de todas las propiedades de los preparados, la que da lugar a la "memoria del agua", las nanoburbujas, los dominios de coherencia o cualquier otro concepto que pueda explicar lo inexplicable.

El método original, propuesto por Hahnemann, suponía llevar a cabo esas agitaciones mediante golpes repetidos del frasco que contiene la nueva dilución contra una Biblia. Nada que objetar, dada la época. Hoy en día, muchas de las grandes empresas homeopáticas, como Boiron y otras, han racionalizado ese proceso y algunas alardean de que tras "largas investigaciones" han dado con las "máquinas" ideales para que el proceso de potenciación sea el adecuado. Ahora se atribuyen a esas sofisticadas máquinas (que no dejan de ser unos agitadores) la producción de esas estructuras cuánticas, celosas guardianas de la información del principio activo o sustancia que había en la disolución original de la que se parte para preparar las sucesivas diluciones. Diluciones que a partir de un punto, y como reconoce el entrevistado, hacen que la disolución no contenga molécula alguna del principio activo.

Pero lo que el homeópata no dice es que algunas de esas empresas se aferran a la tradición y siguen elaborando preparados homeopáticos mediante el estricto seguimiento de los dictámenes del Fundador. Así que, en el proceso, pasan de sofisticados artilugios y siguen empleando los golpes sobre la Biblia. Y si no os lo creéis porque pensáis que esto de la homeopatía es una cosa seria, podéis entrar en la página web de la empresa Helios Homeopathy, un referente en este campo, y ver este vídeo. Está en inglés (aunque parte de la web está en castellano) y no hace falta que lo veáis entero, aunque quizás a más de uno le abra los ojos. Pero, si no tenéis tiempo, basta con que vayáis al minuto 0:26 y aguantéis poco más de treinta segundos y veréis la parte de la preparación que implica la Biblia y, según ellos, la creación de las estructuras cuánticas que almacenan la información.

Después de esto podéis abrir de nuevo el vídeo de @mimesacojea y volver a reír. La risoterapia es una de las pocas medicinas alternativas en la que creo.

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miércoles, 2 de noviembre de 2016

Aromas emergentes en los vinos Sauternes

En varias entradas de este Blog, y prácticamente desde los inicios, hemos hablado de las moléculas quirales. Y vamos a recordar lo que son, para que no se me asusten los lectores que tienden al abandono de una entrada en cuanto piensan que voy a hablar de algo muy técnico, por encontrarse con alguna palabreja de la jerga química como la mencionada. La cosa es fácil de explicar, como veréis, y el resto del post tiene que ver con algo tan interesante como los vinos tipo Sauternes.

Se puede introducir el concepto de moléculas quirales reflexionando sobre la estructura de nuestras propias manos. Imaginemos que fueran absolutamente idénticas en cuanto a su apariencia física. A pesar de ello no podemos superponerlas una sobre otra colocando la palma de una sobre el dorso de la otra. Cuando lo intentamos, el dedo pulgar acaba cerca del meñique y viceversa. En realidad, esto ocurre porque una es la imagen que nos da un espejo de la otra (imagen especular). Esa misma idea puede aplicarse a ciertas agrupaciones de átomos que dan lugar a moléculas quirales. Tan es así que la denominación quiral proviene del griego keiros que significa mano. Muchas de las propiedades de estas variantes quirales de una misma molécula son idénticas. Tienen la misma fórmula, el mismo punto de fusión, a veces el mismo color, etc. Pero hay otras propiedades que son sustancialmente distintas. En una antigua entrada de este Blog hemos hablado, por ejemplo y entre otras cosas, del desgraciado caso de la molécula de talidomida. Vendida como un producto relajante a las embarazadas de los años cincuenta, el producto comercial era en realidad una mezcla de las variantes quirales de la molécula de la talidomida. Una era ciertamente un relajante muscular pero la otra tiene las propiedades teratógenas que causaron malformaciones, y la muerte, de niños cuyas madres habían tomado ese compuesto.

Pero hablemos de cosas más alegres. No soy muy de vinos dulces o de postre. A pesar de ello, en mi casa siempre hay alguna botella de Sauternes, Jurançon o algún similar navarro como el de Ochoa (y es que en mi casa no solo bebo yo). No vamos a entrar en mucho detalle con las razones por las que nunca me he aficionado a ellos, pero intuyo que algo tienen que ver los aromas que mi prominente nariz detecta cuando la meto en la copa en la que descansa el vino. Y que no me resultan del todo atractivos. Como tampoco me gusta su excesivo dulzor. He leído que el carísimo Château d'Yquem puede llegar a tener hasta 150 gramos de azúcar por litro, lo cual es una barbaridad (al menos para mis papilas). En cualquier caso, en esta entrada nos vamos a centrar más en el asunto de los aromas que, como sabéis, tiene mucho de Química.

La originalidad de los vinos tipo Sauternes se basa en la llamada "podredumbre noble" causada por un hongo conocido como Botrytis cinerea que, en ciertas condiciones de humedad y temperatura, se aloja en las uvas tipo Sauvignon blanc o Sémillon y que si, deliberadamente, se deja crecer en ese soporte tan interesante para el hongo, acaba convirtiendo las uvas en una especie de pasas muy ricas en azúcar y aromas. A partir de ellas se obtienen los mencionados vinos, que suelen consumirse acompañando al foie o como bebida de postre.

La literatura científica es muy abundante en la identificación de los aromas característicos de un vino como el Sauternes. Cosa harto complicada porque la mayoría de los vinos son mezclas complejísimas de cientos de sustancias químicas volátiles, que provienen tanto del tipo de uva como de los procesos de fermentación y ulterior envejecimiento de los caldos. Nuestro sistema olfativo es un eficiente detector de esos aromas, a veces incluso aunque estén en cantidades minúsculas, y nos permite identificar muchos olores, asociándolos a determinados productos. Sin embargo, a medida que vamos estudiando los mecanismos a través de los cuales los humanos detectamos e identificamos los olores (algo que interesa también en el ámbito de la perfumería) se han ido descubriendo algunos efectos peculiares. Algunos aromas enmascaran otros o los potencian y un efecto que me ha llamado la atención desde que tuve noticia de ello es que, a nivel del cerebro, existe una especie de "propiedades emergentes" de los aromas. Y me explico. Lo mismo que del conocimiento de las propiedades del hidrógeno y el oxígeno, elementos que componen la molécula del agua, no pueden deducirse las sorprendentes propiedades de la misma, identificar a veces el origen de un determinado aroma sobre la base de las moléculas que componen un perfume o un vino no es siempre obvio. Existe lo que se conoce como interacción perceptiva, según la cual, la presencia de varias sustancias químicas puede dar lugar a aromas característicos no esperables de la simple consideración de los aromas de las moléculas individuales.

Recientes artículos en los que participaban, entre otros, investigadores de la Universidad de Burdeos, han puesto de manifiesto que ese tipo de fenómenos se dan en uno de los aromas característicos de los vinos de Sauternes: el que recuerda a cómo huele la piel de las naranjas muy maduras. En un primer artículo, que data de 2014 [J. Agric. Food Chem 2014, 62, 2469] los autores pusieron de manifiesto, mediante diversas técnicas instrumentales y paneles de cata, que ese aroma "emergente" era causado por una mezcla de tres moléculas de la familia de las lactonas, una de ellas provenientes de la madera de roble empleada en las barricas de envejecimiento y las otras dos generadas en el propio proceso de sobremaduración de la uva por efecto del hongo Botrytis. Y aún hay más. En un artículo posterior, que la semana pasada se publicaba en la web de la revista arriba mencionada [DOI:10.1021/acs.jafc.6b03117], el mismo grupo demostraba que sola una de las formas quirales de una de las lactonas provenientes del proceso de maduración debido al hongo era la que participaba en esa interacción perceptiva y no la otra.

Dicen los autores, al final del artículo, que aunque han recibido dinero del Consejo Regulador de la denominación Burdeos y de la exclusiva bodega Château de Yquem, ellos no tienen intereses financieros en el asunto. Se lo creeremos. Pero eso son investigaciones interesantes, con Château de Yquem por medio, y no otras con moléculas malolientes y no bebibles. Envidia puñetera en el fondo.

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martes, 18 de octubre de 2016

Vajilla francesa

Desde que es público que soy un jubilado a tiempo completo, se ha incrementado el número de mensajes de algunos seguidores proponiéndome nuevos temas para el blog. Es como si ya dieran por asumido que me voy a aburrir miserablemente y pretendan evitarlo. No prometo nada porque, como siempre, voy a hacer con este blog lo que me de la gana, que para eso es mío. Pero entre los temas que en las últimas semanas se me han propuesto, hay uno sobre el que si tengo algo que decir. Se hace eco de un decreto del Gobierno de la France, de fecha 30 de agosto de 2016, en el que se establece la prohibición, a partir del 1 de enero de 2020, de utilizar "tazas, vasos y platos desechables en materiales plásticos". Aunque los detalle que matizan esa aseveración los vamos a ver enseguida, antes de ello diré que esta prohibición me parece consustancial con la idiosincrasia francesa. ¡A dónde vamos a llegar!. Beber un Burdeos o un Borgoña en una copa de plástico. O saborear las delicias del pato o de la oca con platos y cubertería de algún polímero de los que han dado de comer al Búho....

El decreto establece en su articulado que estará permitido, por el contrario, la comercialización y uso de "vajillas de materiales plásticos que sean compostables en compostajes domésticos". Lo del compostaje doméstico son esas pequeñas instalaciones, más o menos rudimentarias o decorativas, que uno puede instalar en el jardín de su casa para depositar los residuos orgánicos de comida, restos de jardinería o materiales que puedan degradarse con ellos, dando lugar (en teoría) a un compost o mezcla utilizable, por ejemplo, como abono. El decreto también establece que, a partir de la mencionada fecha, se podrán utilizar "vajillas en plástico que provengan, al menos en un 50% de su composición, de materiales cuyo origen esté ligado a la biomasa". Esto es, plásticos que en su producción se deriven de componentes de la biomasa como el maíz, la caña de azúcar, productos derivados de la actividad de microorganismos, etc.

Los industriales franceses del ramo han puesto el grito en el cielo, denunciando la pérdida de puestos de trabajo y, lo que parece bastante obvio pero no sé en qué quedará, que el gobierno francés no tiene atribuciones para este tipo de prohibición, al afectar a fabricantes de otros países europeos. En esto, como comprenderéis, no me voy a meter que funcionarios tiene la UE para ventilarlo, pero si os voy a dar mi opinión sobre los asuntos derivados de las frases entrecomilladas de arriba.

Vayamos primero con lo de compostables en una instalación doméstica. Pocos materiales plásticos de los que están en el mercado son compostables "per se". Aunque recientes análisis parecen indicar que, de cara a futuro, su impacto en el mercado crecerá rápidamente en términos absolutos, en términos relativos no creo que lleguen, en el aludido 2020, al 1% de la producción total de plásticos. Entre los más vendidos, los derivados de almidón, el poliácido láctico (PLA) y algunos poliésteres y copoliésteres. En cualquier caso, lo que hay que dejar claro es que el que un plástico sea compostable solo implica que la vajilla plástica será eficientemente compostada en las bastante exigentes condiciones de un compostador industrial, que ajusta condiciones como la temperatura, humedad, oxigenación, etc. Y no en un barril metálico que uno haya puesto en la trasera de su casa. Y menos en un vertedero, donde un plástico compostable que vaya allí a parar, no se degrada ni desaparece a un ritmo superior a los plásticos convencionales. Y, como bien dicen los industriales franceses, ese adjetivo de biodegradable y/o compostable crea en la mente de los usuarios la sensación de que, haga lo que haga con él, el plástico acabará desapareciendo en la Naturaleza. Y nada más lejos de la realidad.

Un problema añadido, que ya originó una pequeña crisis en California la pasada década, es que, hoy por hoy, una parte importante de los residuos de plástico va a instalaciones de reciclado. Pues bien, los concienciados ciudadanos vertían en el contenedor destinado a plásticos productos a base de poliácido láctico (PLA), difíciles de distinguir de otros plásticos convencionales que se pretendía reciclar. Y esa pequeña parte de PLA complicaba la vida a los recicladores hasta el punto de que acabaron pidiendo tomar medidas a la Administración.

Y luego está el asuntos de los llamados bioplásticos que, en su totalidad o en una parte, provienen de fuentes renovables tipo biomasa. Sobre esto ya publiqué una entrada aclarando conceptos pero, por ejemplo, hay ya en el mercado un biopolietileno que lleva el prefijo bio porque se ha obtenido a partir de un gas llamado etileno que no proviene, en ese caso, de plantas petroquímicas (lo que es lo habitual), sino de procesos de fermentación en los que la materia prima es biomasa y, más concretamente en este caso, caña de azúcar. Así que, aunque no llego ni a leguleyo, me da el pálpito de que, de acuerdo con el decreto, ese biopolietileno podría emplearse para fabricar vajillas de plástico, aunque el material plástico con el que se fabrica sea el mismo que el del polietileno de siempre. Lo que cambia entre tener o no el prefijo bio es el origen del gas etileno empleado para producirlo, no las propiedades intrínsecas del plástico final. Y por tanto, ni se biodegrada ni es susceptible de ser compostado.

Lo que no deja de ser una inconsistencia si lo que se pretende es luchar contra esa sensación de que los plásticos lo están contaminando todo, particularmente el mar con el asunto de los microplásticos, otro tema que también han propuesto a este jubilado ocioso. Aunque yo diría que el problema, que puede aliviarse con un uso más responsable de los plásticos, también tiene mucho que ver con un control más exhaustivo de los que no echan sus desechos plásticos donde los deben echar. Y es fácil constatar que cada vez hay más guarros por nuestras ciudades. Y al que lo dude, le invito a los alrededores de mi portal un viernes a la noche.

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Datos personales

Boredom is the highest mental state, según Einstein. Pero, a veces, aburrirse cansa. Y por eso ando en esto, persiguiendo quimiofóbicos.