jueves, 31 de julio de 2014

Es difícil hacer predicciones...

....sobre todo sobre el futuro, una frase de Niels Bohr que ya he mencionado más de una vez en este Blog y que debo a Pedro M. Etxenike, quien la suele manejar en sus charlas para justificar la idea de que lo que pueda producir la Ciencia en el futuro es impredecible y, por tanto, no deberíamos restringirla a aplicaciones cortoplacistas, más propias de la Tecnología que de la propia Ciencia. Y, en esas charlas, suele poner diferentes ejemplos de predicciones que han fallado de forma estrepitosa, ejemplos que Pedro Miguel ha ido actualizando a lo largo del tiempo. Voy a usar algunos, que amablemente me ha hecho llegar, tomados de una reciente conferencia suya en los Cursos de Verano 2014 en El Escorial, para arrancar con este post del último día de julio.

Por ejemplo, mi admirado Lord Kelvin decía, en 1895, que "Máquinas voladoras más pesadas que el aire son imposibles". En el mismo ámbito aeronaútico, el Mariscal Foch decía en 1911 que "Los aviones son juguetes interesantes, pero sin valor militar". Gente más concienzuda, como el conocido físico A.A. Michelson, se aventuró a decir en 1894 que "Ya se conocen todas las leyes importantes de la Física". Y si nos centramos en épocas más recientes y en el dominio de la informática, Thomas Watson, Presidente ejecutivo de IBM, decía en 1943: "Pienso que hay un mercado mundial para, tal vez, cinco ordenadores". Su homólogo en DEC, Ken Olsen, no era tampoco muy previsor de su propio futuro, cuando dijo: "No veo razón alguna para que alguien quiera desear un ordenador en su hogar". Para terminar con el mismísimo Bill Gates quien, en 1985, decía que "640 Kbytes siempre serán suficientes". Así que Bohr era más listo y prefería no arriesgar.

En este mismo Blog yo contaba en 2008 el caso de la llamada "Economía del hidrógeno". Cuando en 2002 compré y leí el libro de Jeremy Rifkin con ese título y un subtítulo que decía La próxima gran revolución económica, algo no me cuadraba, sobre todo en lo relativo al origen del hidrógeno que necesitaríamos. Y así ha sido. Mientras Rifkin predecía que, para 2010, todos andaríamos en coches a base de hidrógeno, la realidad es que, como mucho, andamos en unos pocos vehículos de baterías de litio y como el fracking se extienda a nivel de lo que ha ocurrido en USA, creo que tendremos coches de gasolina o gas-oil para unos cuantos (bastantes) años más de lo previsto.

Este largo preámbulo viene a cuento de otra predicción que, puedo apostar y apuesto, tiene altas probabilidades de fallar. La revista Materia publicaba esta semana un artículo titulado "Las diez innovaciones que cambiarán el mundo dentro de una década". Por razones obvias, yo solo me voy a fijar en una que dice literalmente: La muerte del plástico. Tras décadas siendo el rey de nuestras vidas, el plástico habrá muerto para siempre. Los nanomateriales ya habrán tomado (para 2025) el control en los sistemas de fabricación y embalaje, con sustitutos del plástico que se adaptarán mejor a las necesidades de cada fabricante, siendo completamente biodegradables.

Ahí es nada. Pero, como siempre, hay que leerse la letra pequeña. Materia tomaba ese párrafo de un informe de 28 páginas titulado "The World in 2025: 10 predictions of innovation", editado por Thomson Reuters, el gigante de la bibliometría (entre otras cosas) y editora de la ISI Web of Science. En su introducción explican que las predicciones están basadas en un análisis de las publicaciones y patentes recogidas en dicha herramienta. En su página 19, en lo relativo al impactante título de Materia, las cosas son un poco diferentes a lo arriba subrayado: "Los envases basados en el petróleo son historia; los envases derivados de celulosa toman el poder". Con un subtítulo que clarifica algo más el asunto, pues viene a decir que materiales nanocompuestos basados en nanocelulosa hacen que esos envases sean 100% biodegradables a diferencia de los basados en el petróleo.

Veremos lo que pasa pero del informe Thomson-Reuters queda claro que el asunto se centra en envases y no en otras, y muy diversas, aplicaciones de los plásticos. Y, además, los potenciales sustitutos son nanocompuestos de nanocelulosa. Lo que quiere decir que esas nanofibras de origen natural están dispersas en una matriz constituída por un polímero o plástico. Si ese plástico es biodegradable, todo será biodegradable, pero esta segunda premisa está, hoy por hoy, bastante lejana.

Y no lo digo yo. Alain Dufresne es un especialista en estos temas que trabaja en la Universidad de Grenoble. Su competencia en Nanocelulosa puede ser fácilmente comprobada por cualquiera que tenga acceso a la mencionada ISI Web of Science en términos de artículos, índices de impacto, índice h y similares. A finales de 2012 publicó un interesante libro titulado Nano-Cellulose: From Nature to High Performance Tailored Materials, en el que aborda diversos aspectos de la preparación, caracterización y aplicaciones de la nanocelulosa y sus nanocompuestos. La frase final del libro es para mí esclarecedora de las dudas que incluso un experto, como Dufresne, tiene en este momento sobre el tema:  "El futuro nos dirá si este repentino interés por la nanocelulosa es solo flor de un día o una realidad en la Ciencia de Materiales".

Como yo tampoco puedo predecir el futuro de forma fiable no sé si llegaré vivo a 2025, pero ya me gustaría comprobar cuál de las dos opciones de Dufresne es la que se concreta.

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viernes, 25 de julio de 2014

Mujeres con Ciencia y Erika Cremer

Hace unas pocas entradas, en mayo de este año, os proponía leer una contribución mía en el Cuaderno de Cultura Científica, uno de los blogs de "agitación y propaganda" que publica en la red la Cátedra de Cultura Científica de la UPV/EHU, que dirige mi antiguo Rector Iñako Pérez Iglesias. Desde hace unos meses, esa publicación digital contiene otro Blog denominado Mujeres con Ciencia, coordinado por la profesora del Departamento de Matemáticas de mi Universidad Marta Macho Stadler. Esa sección está destinada a divulgar el importante (aunque a veces oscuro o, más bien, oscurecido) papel de las mujeres en el progreso científico. Esta semana me han publicado ahí un post sobre la figura de Erika Cremer, una pionera, aunque poco reconocida, en el desarrollo de la cromatografía de gases, una técnica que todo químico conoce y que ha resultado fundamental en el papel que la Química ha jugado en el siglo XX en campos como la Petroquímica o las Ciencias Ambientales. Aquí teneis el enlace para poder leerlo con tranquilidad y, ya metidos en gastos, podeis surfear un poco tanto en las páginas de ese Blog como en el Cuaderno, que seguro que os engancharán.

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lunes, 21 de julio de 2014

El benzopireno de cada julio

Escribir sobre los benzopirenos es casi un hecho recurrente en este Blog. Como la última vez fue ya hace tres años, toca. En esa entrada de julio de 2011, repasaba al principio entradas viejas en las que los había mencionado en tanto que constituyentes de una familia más grande de sustancias químicas conocidas bajo el nombre de Hidrocarburos Aromáticos Policíclicos (HAPs ó PAHs en su versión inglesa). Y es que los HAPs han aparecido en los sitios más insospechados de este Blog, desde lociones para la psoriasis, pasando por los ahumados hasta acabar en las traviesas de tren. Esta gran familia es también habitual en medios de comunicación y sitios de internet, en los que se citan junto a otras relevantes en lo que a peligrosidad se refiere, como las dioxinas, los PCBs, los retardantes a la llama bromados y similares.

El caso es que yo he vuelto ultimamente a trastear con los HAPs con motivo de mi participación en los Cursos de Verano de la Universidad de Burgos, de los que ya os hablé, y donde mi ponencia versó sobre Quimiofobia en la vida cotidiana. Allí recurrí, una vez más, a una estrategia sibilina basada en hacer notar que esa manía que tenemos los humanos de comer las cosas cocinadas no es sino un remedo de la labor de los "malvados" químicos de síntesis en sus laboratorios universitarios o industriales. No en vano, tomamos sustancias de partida (verduras, legumbres, carnes o pescado) que son los "reactivos" de un cocinero. Elegimos cantidades ajustadas de esos ingredientes, controlamos temperaturas y hasta presiones (como en la olla a presión) para obtener, al final, unos "productos" que resultan sustancialmente diferentes de los ingredientes de partida en lo relativo a sabores y olores, diferencia que no es sino el reflejo de las diferentes sustancias químicas que contienen unos y otros. Como dice una frase que me suele gustar citar, "la Química es como la cocina, solo que no hay que meter la cuchara para probar". Aunque hay que matizar que los productos finales de la "química" culinaria contienen también diversos y malignos "angelitos" como los benzopirenos.

En la entrada de hoy voy a contar algunos cotilleos que he ido acumulando en las últimas semanas sobre esos HAPs que agrupamos en el colectivo benzopirenos. Me voy a centrar solo en un miembro de la subfamilia, el benzo(a)pireno. Un poco por simplificar y no agobiaros con mucho nombre raro y porque el susodicho es un elemento muy representativo de la subfamilia y con un largo historial en lo relativo al cáncer.

El benzo(a)pireno está con nosotros desde el origen de los tiempos pues es el resultado de fenómenos de combustión y de pirólisis (calentamientos a alta temperatura) como los que se dan en los incendios forestales, en las erupciones volcánicas o en una confortable chimenea de una casa de campo (como luego veremos). Pero se ha producido también (como subproducto inevitable) en procesos industriales como la destilación de la hulla o el petróleo. Y también resulta de la combustión en los motores de los automóviles. Así que no es raro que, a través de los alimentos expuestos al medio ambiente, estemos ingiriendo benzo(a)pireno en cantidades que dependen mucho de la contaminación atmosférica y que, en países civilizados, pueden alcanzar los 100 nanogramos/día que llegaron a medir unos investigadores catalanes en sus conciudadanos [Food Chem. Toxicol., 2008, 46 (9), pp 3163-3171].

Sobre los riesgos que el benzo(a)pireno tiene en el organismo humano se poseen datos fiables desde que se empezó a considerar los problemas de salud de los aprendices de deshollinador. Esa profesión, hoy desaparecida, surge como consecuencia de la necesidad de eliminar de las chimeneas sustancias como la creosota (rica en HAPs), producida en la combustión de madera y carbón, que se va adhiriendo a la pared interna de la chimenea y que puede provocar, y ha provocado, muchos incendios en casas en el pasado. Para evitarlo, había que proceder a una periódica limpieza exhaustiva del conducto para lo que, además de los utensilios al uso, se empleaba a pequeños aprendices de deshollinador que trepaban por el interior de la chimenea para desprender manualmente los depósitos de creosota. Muy pronto (finales del XVIII) se empezó a constatar que esos niños acababan afectados en el transcurrir de los años por un peligroso cáncer de escroto, que se conocía al principio como la "enfermedad del deshollinador". Hoy sabemos que un factor importante en el desarrollo de ese cáncer eran los PHAs cancerígenos (hay otros que no lo son) y, en particular, nuestro benzo(a)pireno.

Este mismo compuesto fue determinante para hacer bajar del burro, de una vez por todas, a las industrias tabaqueras que se negaban a aceptar la causalidad del tabaco en el cáncer de pulmón. Cuando las técnicas instrumentales de detección y cuantificación de sustancias químicas experimentaron el increíble desarrollo que tuvo lugar a partir de los años sesenta del siglo pasado, quedó bien claro que en el humo y, sobre todo, en el alquitrán que se forma mientras nos fumamos un cigarro, había cantidades importantes de benzo(a)pireno, del que también se tenían pruebas, realizadas con animales, sobre su influencia en tumores pulmonares.

Pero hete aquí que, por razones que no vienen al caso, tengo debilidad por un grupo portugués de la Universidad de Oporto que lleva años investigando la aparición de PHAs en general y benzo(a)pireno en particular, en alimentos cocinados a la brasa o barbacoa. Y entre la distinta bibliografía que han producido al respecto, seleccioné para la charla de Burgos datos de dos artículos, uno de 2012 y otro de este mismo año, que me resultaron particularmente relevantes para mis objetivos de demostrar lo "peligroso" que puede ser cocinar, aunque sea cocina tradicional o de tu abuela, tenidas ambas por sanas y naturales.

En el artículo de 2012 [Food Chem. Toxicol., 2012, 50 (6), pp 2128-2134], los autores demuestran, por ejemplo, que un muslito de pollo de unos 100 gramos, hecho en una barbacoa de las que ahora en verano se estilan en cualquier jardín, contiene hasta 900 nanogramos de benzo(a)pireno, unas 9 veces la cantidad de benzopireno diaria que he mencionado arriba. Datos similares se dan con la carne de vacuno o porcino. Y, además, nuestro benzo(a)pireno es sólo uno de los 24 HAPs que aparecían en esas piezas más o menos chamuscadas.

El artículo de 2014 [J. Agric. Food Chem., 2014, 62 (12), pp 2638–2643] me llamó la atención por mi debilidad por los temas gastronómicos. Resulta que parte de ese contenido arriba mencionado puede eliminarse si las piezas a colocar en la barbacoa son previamente marinadas en cerveza, ya sea una Pilsen, una Pilsen sin alcohol o una cerveza negra. El efecto se atribuye a la capacidad de ciertos componentes de la cerveza para secuestrar los radicales libres existentes en la carne original, radicales que juegan un papel posterior en la génesis de los HAPs mientras se están cocinando.

No me digais que no es un tipo de investigación como para tener adeptos. Además de publicar, uno tiene barra libre a muslitos, solomillos y similares, acompañados de buena cerveza. Aunque con moderación, como todo.

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lunes, 23 de junio de 2014

Sobre el Kevlar, en la muerte de Stephanie Kwolek

Durante el primer año de vida de este Blog (2006) escribí la friolera de más de 90 entradas o posts, algo que luego se ha ido decelerando, como es lógico en casi todos los Blogs. Esas primeras entradas las publicaba en una aplicación que Apple me proporcionaba por estar abonado a algo similar a lo que hoy se ha venido en llamar "nube" y que entonces no era de regaliz. Intuyo que casi nadie leyó esas entradas, excepto unos pocos amigos a los que comuniqué individualmente que dedicaba parte de mi tiempo a esta pérdida del idem. Despues me cerraron esa aplicación y tuve que ingeniármelas para aprender más sobre el blogging y sus armas, con las ventajas que ello tiene en cuanto a mayor difusión. Así que hace tiempo que vengo pensando en reeditar algunas de aquellas primeras entradas que siguen teniendo vigencia, aunque a todas les vendría bien una puesta al día. Y puestos a elegir, la muerte de Stephanie Kwolek la pasada semana me da pie a reconsiderar la entrada que escribí  en fecha tan lejana como el 28 de mayo de 2006. Estos días se están publicando muchas cosas  sobre ella, aunque la mayoría en inglés. Así que una versión en castellano no está mal. La entrada original seguirá ocupando el lugar que ocupaba en mi Blog, pero sin el texto inicial, que desaparecerá para siempre jamás en beneficio de lo que ahora podeis leer. Así que, allá vamos.

La fibra Kevlar es conocida hoy en día como sinónimo de un material de alta tecnología, incluso por mucha gente que no tiene ni idea de polímeros o plásticos. De hecho, la mayoría no conceptúa esas fibras como polímeros. Cinco veces más fuerte que el propio acero y más ligera que la fibra de vidrio, se usa en multitud de aplicaciones como ropa y guantes protectores contra el fuego, cascos superresistentes, pastillas de frenos especiales, elementos deportivos o cables de altísima tenacidad. Aunque quizás su empleo más conocido es el de los chalecos antibalas fabricados con ella. La relevancia en este campo es tal que en EEUU hay hasta un Club de supervivientes gracias al Kevlar (Kevlar Survivors Club), lo cual tampoco es extraño, dada la manía de los yankies por andar a tiros con todo hijo de vecino.

Cuando Stephanie Kwolek terminó sus estudios en el College femenino de la hoy Carnegie Mellon University, las cosas no habían estado muy claras para las mujeres en el pasado y en el ámbito de la Química, un negocio controlado casi en exclusiva por hombres. Sin embargo, estamos en los años de la postguerra (1946) y muchos americanos habían dedicado sus últimos años al ejército, por lo que no habían tenido tiempo para progresar en carreras universitarias. Así que había incipientes posibilidades para las mujeres y la Kwolek las supo aprovechar, consiguiendo un puesto de trabajo en las instalaciones que la DuPont tenía cerca de Nueva York.

La DuPont estaba en aquella época en plena actividad en torno a las fibras sintéticas que Carothers, el genio suicida (ver entrada), había desarrollado en los años precedentes. Así que a Stephanie la pusieron a explorar nuevos tipos de fibras. Algo más tarde, en torno a mediados de los sesenta, se produjo una creciente preocupación por la escasez de gasolina (algo que parece cíclico) y en el ámbito de la investigación se manejaron alternativas tecnológicas para reducir el consumo de la misma. Entre las posibilidades que manejó DuPont estaba la de conseguir fibras poliméricas que fueran tan resistentes como las metálicas empleadas para reforzar neumáticos. La idea era que, como todo material plástico, la densidad de esas fibras es varias veces menor a las de los metales, con lo que el peso total de los neumáticos se reduciría y, sobre todo en grandes camiones, el consumo también. Sin embargo, las cosas de la ciencia no van siempre al ritmo que uno quiere y, en este caso, el éxito final llegó cuando la preocupación por la gasolina casi había desaparecido.

La fibra Kevlar es una poliamida. En este sentido y como el nylon de Carothers, surge de una reacción química entre un diácido y una diamina que se unen uno a uno dando lugar a muchos grupos amida, de ahí el nombre. La diferencia fundamental entre la poliamida de Carothers y la de Kowlek es que la de ésta última parte de un diácido y una diamina ambos de carácter aromatico, es decir, conteniendo en su estructura el anillo de benceno. Aquellos que tengais una formación lejana a la Química seguro que decís: ¿Y?.

El carácter aromático de los dos componentes de la poliamida que hoy conocemos como Kevlar condiciona que sus propiedades no tengan nada que ver con las propiedades de las poliamidas no aromáticas como los Nylons de Carothers. Por ejemplo, para hacer fibras de Nylon basta con fundir el material a temperaturas cercanas a los 200 ºC y hacer salir ese fundido por una especie de multichurrera con agujeros muy pequeños. De cada agujero o espinerete saldrá continuamente una fibra. Las fibras de Kevlar no se hilan así sino desde una disolución del material de partida (la poliamida en este caso) en un disolvente. Pero el proceso de buscar el disolvente y las condiciones adecuadas fue tan largo en el caso del Kevlar que sólo la tenacidad de los investigadores de DuPont, y la confianza de la empresa en que lo que estaban persiguiendo podría tener aplicaciones de alto valor añadido, consiguió que el proceso se llevara a buen fín.

La poliamida Kevlar es lo que los químicos llamamos un polímero cristal líquido. Los cristales líquidos son materiales en un estado a caballo entre líquido y sólido. Eso complicó al principio la vida de la Kwolek y sus amigos de la foto, que no sabían de ese carácter de sus fibras. Por ejemplo, estos materiales son difíciles de disolver. Los científicos de la DuPont acabaron encontrando el disolvente ideal para sus fines, aunque no precisamente una perita en dulce: el acido sulfúrico 100% puro. Incluso los estudiantes más bisoños de Química saben que con el sulfúrico concentrado (el del laboratorio tiene entre un 2-4% de agua) hay que andarse con ojo, porque el accidente está a la vuelta de la esquina. Así que ¡qué será el sulfúrico 100% puro!..... Sorprendentemente, sin embargo, la ausencia de ese 2-4% de agua hace a ese ácido menos corrosivo y permite que las disoluciones en él de la poliamida puedan pasarse a través de los espineretes con cuidado pero sin excesivos riesgos de corrosión continua.

Pero (¡otro problema!) las disoluciones así preparadas, a ciertas concentraciones son turbias. Este hecho amargó a Stephanie los primeros tiempos del desarrollo del Kevlar. Los técnicos que tenían que procesar las disoluciones en las máquinas para obtener las fibras se negaban a ello, con el argumento lógico de que si aquello estaba turbio algo tenía en suspensión que, al pasar por el minúsculo agujero del espinerete, lo acabarían por cegar, y vete luego tú a limpiar una máquina llena de sulfúrico.

La Kwolek era pequeña (ver foto) pero corredora de fondo. La turbidez se pudo solucionar también cuando se fueron entendiendo las propiedades de los polímeros cristales líquidos en disolución. Ajustando adecuadamente la concentración y la temperatura del hilado, la disolución se hacía transparente y el técnico protestón calló para siempre.

¿De dónde nacen las extraordinarias propiedades de las fibras Kevlar?. Pues precisamente de ese carácter de cristal líquido. Las largas moléculas de la poliamida aromática, mientras son forzadas a pasar por el espinerete se alinean unas con otras de forma casi perfecta, como se alinean los spaghetti sólidos en un envase de supermercado, haciendo que sean extraordinariamente resistentes pues las diferentes cadenas están, además de ordenadas, unidas unas a otras por lo que los químicos llamamos enlaces de hidrógeno. El resultado es algo sumamente tenaz que la hace superior a metales o las fibras inorgánicas de vidrio.

¿Un poco duro para no iniciados?. Bueno, como decía Einstein, las cosas se pueden explicar tan fácil como sea posible.......pero no más, y vulgarizar lo que es un polímero cristal líquido y las razones de sus propiedades no es una obviedad. Lo que si queda claro despues de lo que os he contado, como bien me apuntaba esta mañana mi amigo Antxon Santamaría, es que las enciclopedias de polímeros deberían ir revisando aquello de "Man made fibers".

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domingo, 15 de junio de 2014

Una de golf

Hace tiempo que no escribo nada sobre el golf y la Ciencia que le rodea. Pero de hoy no pasa. Que mi amigo Marcelo, riojano de Préjano como seña de identidad publicable, me recriminaba ayer que no había cumplido mi promesa de escribir algo sobre unos palos de golf que andan en los mentideros desde hace más de tres años (al menos en USA). Parece que la gente consigue distancias sustancialmente mayores con ellos y que la causa que se aduce es que el interior de las cabezas que golpean las bolas, especialmente las de las maderas de salida en cada hoyo como la que veis en la foto, están rellenas de nitrógeno a una cierta presión. Así que, revisada la "bibliografía" correspondiente y la web de la empresa fabricante de estas maravillas, allí va la entrada prometida.

En esa web, y para reforzar el mensaje del nitrógeno, aparece un ciudadano que explica las bondades de ese gas en los neumáticos de coches de competición. Es una aplicación bastante antigua. Y no sólo en coches de Fórmula 1 y similares, sino que también es corriente rellenar con nitrógeno puro las ruedas de los aviones. Y ello a pesar de que, como sabéis, el aire que respiramos y con el que se inflan la mayoría de las ruedas del parque móvil global, está constituido en un 78% por el propio nitrógeno, además de un 21% de oxígeno y un 1% de otros gases, entre los que están el anhídrido carbónico y el vapor de agua. Así que, en principio, la disyuntiva es aire (nitrógeno al 78%) o nitrógeno al 100%.

Sin embargo, esa pequeña cantidad de agua en forma gaseosa a la que he hecho mención, es un incordio para los aviones que vuelan a gran altitud, a la que las temperaturas pueden ser tan bajas como -40 ºC. En esas condiciones, el agua en forma de vapor primero licúa y luego congela y el hielo así formado puede causar problemas de vibración y adecuado control de la estabilidad durante el aterrizaje. Para evitar esos efectos se usa el nitrógeno puro o, alternativamente, lo que en los laboratorios llamamos aire seco, es decir, aire al que se ha eliminado esa pequeña cantidad de agua. Por el contrario, en el mundo del motor, la eliminación del vapor de agua (y empleo de nitrógeno puro o aire seco) puede ayudar a reducir la temperatura que alcanzan los neumáticos en las condiciones extremas en las que se usan en competición. Se ha propuesto también inflar los neumáticos de los coches y camiones normales con nitrógeno, sobre la base de menor corrosión de las estructuras metálicas en el interior de los neumáticos y, sobre todo, porque el nitrógeno es una molécula más grande que escapa cuatro veces más dificilmente que el oxígeno a través del propio neumático, ralentizando el que éste se desinfle. Ahora bien, de cara a implantar esa solución en nuestros neumáticos corrientes, sale más cara "la salsa que los caracoles", como dicen en la Rioja de Marcelo.

Pero en la cabeza de un palo de golf la cosa es distinta. Las temperaturas a las que se manejan no dan como para que el vapor de agua se convierta en hielo y nos moleste durante la ejecución del golpe. Y el propio golpe no calienta esa cabeza (lo que es fácilmente comprobable) como para que haya sustanciales diferencias de comportamiento con las cabezas rellenas de aire normal. Así que, si el palo funciona mejor, debe ser porque los ingenieros de la marca en cuestión han conseguido un diseño superior al el de la competencia. De hecho, en una revisión que he visto en una conocida revista de golf americana, se atribuye una parte de la mejora a que la cara sobre la que impacta la bola es más delgada, lo que facilita el llamado efecto trampolín, que no es sino conseguir que esa superficie funcione como un resorte elástico en el momento del impacto. Eso es algo que los profesionales consiguen siempre por la mayor velocidad que imprimen a la cara del palo en el momento del impacto, pero que no parece ocurrir con un amateur medio y los palos existentes hasta la irrupción de los que estamos hablando.

Hoy en día es fácil comparar resultados de diferentes palos y, por tanto, obtener resultados bastante objetivos. Pero esas comparativas son muy complicadas de entender para el golfista medio por la terminología que en ellas se emplea y, en ese momento, es donde entra en acción lo que yo llamo marketing perverso que, en muchas ocasiones, utiliza jerga aparentemente científica para vendernos el producto. Y, en mi opinión, este es un caso más. En la web antes mencionada del fabricante de estas cabezas al nitrógeno, se responde a una pregunta genérica sobre ¿Por qué nitrógeno? con una serie de afirmaciones que vulneran principios bien establecidos de la Química y la Termodinámica. Así que, una de dos, o los ingenieros que han conseguido ese eficaz diseño ni huelen los documentos de los de marketing o (menos probable pero posible) sus conocimientos de Química y Termodinámica dejan bastante que desear.

Dicen en la web que usan nitrógeno porque el aire que respiramos tiene un 78% de nitrógeno y un 21% de oxígeno. ¿Y?. ¿Qué tiene que ver el culo con las témporas?. Intuyo que esta primera frase es un recurso a lo "verde", como habitualmente. Pero lo más grave es cuando aducen que usando nitrógeno puro hay menos fluctuaciones de presión en la cabeza que cuando está llena de aire normal y, además, que ese gas es menos sensible a cambios de presión y temperatura (lo cual viene a ser algo redundante con lo anterior). Habría que preguntar en primer lugar de qué cambios de esas variables (presión y temperatura) hablan porque, en las condiciones de juego de un día cualquiera, poco cambian una y otra. Y aunque cambiaran algo más apreciablemente, el nitrógeno puro y el aire cumplen ambos la ley de los gases ideales de forma bastante parecida, entre otras cosas por ese 78% de nitrógeno que contiene el pobre aire, así que sensibilidades las justas y parecidas. Y
lo de que el nitrógeno es una molécula más grande que el oxígeno del aire normal es cierto. Pero como no sea de cara a evitar que el gas se pierda con una relativa mayor facilidad a través de las juntas que sellan la cabeza del palo, en un proceso similar al desinflado de las ruedas, no se me ocurre ninguna otra ventaja.

Así que le voy a decir a Marcelo que si se quiere comprar uno de estos drivers que se lo compre, que ya le hace falta sustituir al que lleva en la bolsa que ya atesora excesiva "solera". Además, como tiene hija por las Américas, le puede salir muy barato al cambio. Y que compruebe si a él le funciona, sumándose así a los satisfechos usuarios que he encontrado en mi repaso de revistas de golf americanas. Pero que quede claro que, si eso ocurre, habrá que dar el mérito a los ingenieros y su diseño y no al nitrógeno ni a los que hacen marketing con él. Que el golf es un juego muy de sensaciones personales y, a veces, todo no funciona igual a todo el mundo. Y, aprovechándose de eso y de un cierto efecto placebo que también aquí existe, ya nos quisieron vender en el pasado brazaletes metálicos y pulseras PowerBalance, con efectos "milagrosos" en la calidad de nuestro swing. Y con acreditados profesionales haciendo publicidad de ello.

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Datos personales

Boredom is the highest mental state, según Einstein. Pero, a veces, aburrirse cansa. Y por eso ando en esto, persiguiendo quimiofóbicos.